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Esos triunfos con angustia, apretando los puños, los dientes, atacando a veces, defendiéndose en otras… Esa intensidad se reflejó ayer en el estadio Atahualpa. Finalmente, Ecuador ganó en este torneo tan extenuante, lo hizo con ansiedad, pero hay un hecho: preserva invicta su localía.

Muchos empezarán a debatir la forma cómo jugó la Tricolor. Es cierto que no lo hace como Argentina, Brasil o España, pero, en esta ocasión, su entrenador apeló a lo pragmático: plantear un equipo ordenado, ambicioso, que se iba a encontrar con otro de las mismas características, con las mismas ambiciones; con futbolistas que se han enfrentado decenas de veces y que saben cómo se mueven en la cancha.

Esta vez, Rueda acertó. Y esa labor tuvo su cosecha con el hombre que más cuestionamientos había recibido en la Tricolor, Christian Benítez. Este menudo futbolista fue efectivo a su estilo, oportuno, sorpresivo, al anotar el tanto que tiene a la Tri en pelea por el Mundial. En un ejercicio de franqueza habría que preguntar a los críticos: ¿Acaso hay más delanteros vivaces? Habrá quienes pidan a Felipe Caicedo. ¿Y su efectividad?

Por el contrario, el ‘Chucho’ suma tres goles, como Messi, guardando distancias. Benítez es un héroe de un grupo de guerreros que ilusionan a los aficionados. Que este sea el principio para corregir errores técnicos, tácticos y administrativos de ese conglomerado que rodea a la Tri.

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