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El conteo rápido de votos de la elección presidencial del 17 de febrero tuvo el efecto de despejar las dudas que se habían acumulado sobre la actuación del Consejo Nacional Electoral (CNE) durante la campaña. Básicamente, el ente no garantizó igualdad de oportunidades para los candidatos y se limitó a observar aspectos formales y no de fondo.

Con la organización mostrada en la jornada eleccionaria, el CNE dio muestras de solvencia técnica. En estos días, en cambio, y a propósito del conteo de votos de asambleístas provinciales, se han acumulado quejas que insisten en un posible fraude. Creo, en Pichincha; PSC y PSP en Guayas, han presentado pruebas según las cuales sus candidatos han sido perjudicados.

Hay que recordar que Guayas, con más electores, históricamente ha sido la provincia que más ha presentado estos inconvenientes. La respuesta de los ganadores suele ser fácil: se trata de un show político o del lloriqueo de los perdedores. Pero del CNE se esperan respuestas ágiles y técnicas ante las inconsistencias denunciadas.

Nada más oportuno que una actitud proactiva e imparcial para despejar dudas sobre comportamientos como el que la semana pasada tuvo la Presidenta de la delegación de Guayas del CNE con el presidente reelecto Rafael Correa, quien acudió a presenciar los escrutinios.

Es posible que las denuncias no afecten los resultados finales, pero es deber de la autoridad ser y parecer.

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