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No va a haber ningún rescate para la banca española, había dicho hace 10 días el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, manteniendo la postura del Ejecutivo a lo largo de semanas en las que se iban destapando agujeros en sus bancos.

En los últimos días ha ido cambiando el discurso. Luego se admitió la petición de un posible rescate de sus bancos. El propio gobierno de Rajoy ha encargado a dos auditoras internacionales para saber con exactitud cuáles son los agujeros. Así lo han ido diciendo distintos miembros del gobierno, entre ellos el mismo Rajoy.

El Ejecutivo “tiene que respetar los procedimientos antes de abordar cualquier decisión sobre las cifras”, dijo la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Pocos dudaban que España acudiría a un rescate europeo, sea en la forma que sea. Pero el gobierno de Rajoy no respondía.

Rajoy dijo el jueves que España está esperando informes. Y a preguntas concretas dio respuestas evasivas. “Hay cosas que no se pueden responder tipo test, con un sí o no”, se escabulló. Según cifras filtradas, el sistema financiero español necesita 40 000 millones de euros para sanearse.

Lo que sí se sabe es que España quería evitar un rescate como el que protagonizaron esos tres países. No quiere que sus cuentas públicas queden intervenidas, obligándole a mayores recortes, ni que el estigma del rescate haga imposible la financiación de la deuda pública. Se quiso decir que se rescataba a los bancos y no a la economía.

Pero mientras España debatía su panorama financiero y lograba ayer el salvataje, en el país el aire está pesado. Las cifras son dramáticas. Uno de cada cuatro ciudadanos no tiene trabajo y el terror gana al pueblo que ha pretendido salvar los ahorros.

Los bancos colapsan y ya se han retirado de las cuentas corrientes uno 66000 millones de euros, un tercio de ese capital es propiedad de gente común.

Los tiempos de la España “del milagro económico” , del esplendor y el brillo que encandiló en Madrid, Barcelona o Valencia han quedado atrás. Es pasado, como lo demuestran los carteles de “en venta” en las viviendas o los precios astronómicos de los alquileres actuales. El 24% de los habitantes está sin trabajo, pero también el problema de la vivienda es crucial. En España se producen en los últimos tiempos 159 desalojos cada día por mora o incumplimientos. Hay unos tres millones de viviendas vacías, toda una señal.

En medio de esos pesares cotidianos de las familias que viven en las calles afloran los bancos. Y Bankia es un caso emblemático, frente a la morada de su sede central han llegado estos días los “indignados” para protestar.

Es claro que a los ciudadanos españoles no le interesan los bancos, tampoco las cotizaciones bursátiles o las presiones de los mercados sobre el Gobierno, mucho menos las imposiciones de la UE para dar ayuda financiera. La gente está ocupada en atravesar el “día a día” .

Los “indignados” se volvieron a presentar frente a las puertas cerradas de Bankia ayer.
“Somos víctimas de la especulación, de las trampas y tramoyas de entidades como estas”, afirman con ira frente a cámaras de TV y micrófonos, mientras la UE resolvía la suerte del país.

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