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Mayra Prado Torres, redactora
mprado@elcomercio.com

John Jácome, con apenas siete años, ya sabe que las golosinas no son saludables.
Su menú durante el recreo, en la escuela 10 de Agosto, del Centro Histórico, casi siempre incluye carbohidratos.

El martes pasado, su madre le envió en la lonchera arroz, una presa de pollo y limonada. Él no lleva dinero para el refrigerio, pero le gustan las golosinas, reconoce con timidez. De vez en cuando las consume porque su amigo, Víctor, las compra y las comparte con él.

El hábito de John es repetido por otros tantos de los 864 alumnos de este plantel fiscal de la capital. Sin embargo, la constante en la 10 de Agosto y en la mayoría de centros primarios es la demanda de comida chatarra y las golosinas.



EL ESPECIALISTA DICE
 
El problema principal es el consumo de alimentos procesados, azúcares refinadas y comidas preparadas con grasas saturadas. Lo más grave es el uso de aceites varias veces para freír. Cuando esto pasa la molécula del aceite cambia y relaciona el problema con riesgos de infartos y cáncer. Cuando se hacen visitas a los bares se observa la cantidad de fundas y de comida chatarra que se vende. No hay frutas ni vegetales que los niños deben consumir por lo menos 300 gramos al día y tres vasos de leche. Esto se refleja en problemas de obesidad o en casos de desnutrición.

Su compañero, Anderson Arauz, prefiere las ‘salchipapas’ o el ‘papipollo’... Y para saborear estos platos lleva entre 25 y 50 centavos  diarios. 

Las ventas en el bar lo confirman. Amparo Arteaga, administradora del negocio desde hace cuatro años, sostiene que lo que más se vende es ‘salchipapa’, ‘papipollo’, encebollado... Los costos varían entre 25 y 50 centavos de dólar.

En el lugar cuelgan de las perchas fundas de papas, caramelos, galletas. También hay frutas, helados y otros productos como la ensalada de frutas que no está entre los favoritos de los pequeños.

Ese día, Arteaga vendió los 50 ‘papipollos’, 60 ‘salchipapas’ y 50 encebollados que preparó. Pero de los 20 sánduches y las 20 ensaladas de frutas sobraron varias porciones.

Para contrarrestar esta realidad el director de la escuela, Iván Tobar, se reunió con los padres y con la administradora del bar. La propuesta es crear una tarjeta de comidas que el padre pague mensualmente y con la cual garantice que su hijo coma sano. El proyecto, sin embargo, reconoce Tobar no logrará acabar con la preferencia de los niños por la comida chatarra, las golosinas o los ácidos como grosella y limón con sal que se venden fuera. Es que no existe una regulación específica sobre el tema.

El panorama es similar en los centros particulares. En la Unidad Educativa Andino, el miércoles, Angy Jácome, de 6 años, optó por un combo de ‘salchipapa’ y cola que cuesta un dólar. Pero a veces, dice en voz baja, lleva en la lonchera  jugo, frutas, papas y golosinas: caramelos o chupetes. “Me sacaron dos dientes porque estaban adentro, pero yo sé que por los dulces se caen”.

Los estudiantes más pequeños, de los 280 de primaria, no tienen acceso al bar. La señora que realiza la limpieza toma los pedidos y hace la compra para evitar que sean maltratados o que los más grandes se aprovechen de su ingenuidad.

Ese día le encargaron cinco combos de ‘salchipapa’ y cola y uno de ‘hot-dog’ y cola.
La médica del plantel, Alexandra Torres, destaca que a la administradora del bar y a los padres se les recomienda incluir en las comidas frutas de la estación, leches con sabores, yogur y alimentos que contengan carbohidratos como el pan y las papas que son fundamentales para los niños.

Además, Mireya Zambrano, directora de primaria, dice que se realiza el control permanente de nutrición para mantener peso y talla. La estadística del plantel señala que las principales enfermedades presentadas son traumatismos, 29 por ciento, respiratorias, 23, e intestinales, 16.

En la escuela Numa Pompilio Llona, del norte, también las enfermedades intestinales se ubican en el tercer lugar.
La doctora del plantel, Mireya Navarrete, comenta que la escuela agrupa a 802 estudiantes que son atendidos, básicamente, con alimentos preparados. Está prohibida la venta de ‘K-chitos’, dulces, ácidos... Y entre los platos más apetecidos están el arroz con pollo, los chochos y las empanadas, asegura Carmen Yépez, encargada del bar. Pero no niega que la ‘salchipapa’, la hamburguesa y el ‘hot-dog’ ocupan los primeros lugares. 

Elba Acosta, 11 años, sonríe con picardía y dice que compra en el bar Doritos, papas o chicles. De estos últimos sabe que son malos para los dientes, pero le gustan. Además, dice que “el limón que chupamos afuera me puede dar infección intestinal y las ‘salchipapas’ que se hacen con aceite del día anterior engordan...”.

Nadie regula el consumo 

Los padres se quejan de lo poco nutritiva que es la comida chatarra, pero no hacen mucho para que sus hijos la dejen de consumir.

Es por esto que todos los países occidentales presentan miles de casos de niños con padecimientos de sobrepeso y desnutrición. En América Latina, México y Chile buscan regular las ventas de estos productos. Pero en Ecuador el trabajo es incipiente.

La Dirección Metropolitana de Salud trabaja en un proyecto denominado Escuelas Saludables con 64 centros municipales y fiscales. Éste, entre otras tareas, busca normar el consumo de alimentos en las escuelas. Desde el próximo año se lo hará con los 44 planteles municipales.
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