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El trajín previo a un desfile de modas parecía habitual para ocho esbeltas modelos, pero no para cuatro jóvenes indígenas de La Esperanza y Angochagua, del suroriente de Ibarra.

Un espejo de un camerino del Teatro Gran Colombia, en donde la noche del viernes pasado se exhibió la colección Vanidad Andina, fijaba el interés de todas.

Maquillarse, peinarse y ataviarse con los nuevos modelos aplacaron los nervios de Digna Toapanta. No era para menos, la joven indígena modelaba por primera vez.

Durante una hora y 40 minutos, la labor de cuatro meses de 103 mujeres campesinas y de la diseñadora Andrea Bonilla fue reconocida por unos 700 asistentes. Las herederas de este arte manual tuvieron la necesidad de innovar para crecer en el mercado.

La finalidad, comenta Bonilla, es rescatar la identidad cultural. Pero también mejorar las condiciones laborales de estas mujeres. La mayoría no posee un título artesanal.

Esta diseñadora ibarreña enseñó a las campesinas diseño, teoría de color, gamas, contrastes, para que puedan aplicar en sus dibujos, que son inspirados en la naturaleza.

Para Bonilla, las 34 prendas entre abrigos de invierno y vestidos de verano, que fueron exhibidas en la Pasarela Artesanal del Bordado, se inspiran en lo ancestral y rescata detalles étnicos de las culturas Karanki, Kayambi, Pasto y Tusa.

Los abrigos en gabardina fueron armados como un rompecabezas, explica Adela Díaz, una de las modistas que ensamblaron la colección. Cada detalle fue pintado por una artesana diferente.

En los bordados, en los que resaltan los fuertes contrastes, hay figuras como triángulos, círculos y rectángulos. Rosa Garzón, catedrática de diseño de modas de la Universidad Católica de Ibarra, asegura que se trata de una tendencia de moda en el mundo.

También se exhibieron las innovaciones a la vestimenta indígena. Digna Topanta lució un conjunto de anaco y blusa verde y blanco.

En la pasarela artesanal igualmente sobresalió la colección de vestidos para verano. Bonilla comentó que utilizaron tejido de punto y los bordados son hilos de algodón. En estas resaltaron los colores llanos y tonos diferenciados.

En la primera salida, las modelos también lucieron prendas de cuero, que son elaboradas en la zona. El talabartero Juan Carlos Sandoval explica que tratan de innovar con una producción lineal de carteras y cinturones. "Hemos diseñado bolsos pensando en la comodidad que usan computadoras portátiles o las tabletas".

La estrategia es parte del plan de creación de un Centro de Negocios y Servicios, que incluye manualidades en cuero, madera y alfarería, que sobreviven en las dos parroquias. Para Yuly Cruz, técnica del Fondo Ecuatoriano Populorum Progessio, el reto es comercializar estos productos de moda. Apoya el Programa de Desarrollo Rural del Norte, financiado por la cooperación Técnica Belga, Prefectura de Imbabura, las juntas parroquiales de La Esperanza y Zuleta y el FEPP.

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