El caracol se comió el 40% del arroz
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En Daule (Guayas), zona arrocera del país, los tradicionales procesos de producción y cosecha registran cambios inéditos. La responsabilidad directa recae en el caracol y las enfermedades oportunistas, según los agricultores.
En el sector Huanchichal, una máquina cosechadora está en plena actividad un sábado por la mañana. Lleva una tolva capaz de almacenar entre 20 y 25 sacas de arroz en cáscara.
Para llenarla no se requerían más de 30 minutos. Sin embargo, las cuchillas que giran desde el cabezal para arrancar las espigas deben trabajar 20 minutos o más en cada recorrido. Sucede de manera general en el sector.
“La máquina selecciona el grano entero y rechaza el dañado. De estos últimos hay bastante, por eso el trabajo tarda más”, explica Romeo Sánchez, técnico de la Junta de Riego América Lomas.
En las 4 500 hectáreas cultivadas de esa Junta de Riego se ven arrozales dorados junto a otros rojizos. Esta última coloración denota la afectación por hongos, como el Pyricularia grisea.
El daño del grano también es por enfermedades virales que proliferaron después de la aparición del caracol manzana (ver gráfico). Esta es una plaga que apareció en el país en 2005 y se caracteriza por devorar las hojas tiernas del arroz.
Por todo ello, la cosecha de invierno se perdió en cerca de 40% a escala nacional, ya que los rendimientos por hectárea cayeron a la mitad. Se proyectaba recoger 896 000 toneladas de arroz en cáscara, pero difícilmente se llegará a 650 000 en todo el país, según Julio Carchi, presidente de la Junta de Riego América Lomas.
La cifra surgió tras cruzar información con gremios de las juntas de El Mate, San Jacinto, Higuerón, Mariscal Sucre, Chilintomo, Manuel de J Calle, Rocafuerte, Macará y Babahoyo, donde se concentra la mayor producción arrocera. Hasta la tarde de ayer, el Ministerio de Agricultura no proporcionó información oficial.
“Si no se controla esta plaga, después de uno o dos años vendrá el problema de desabastecimiento”, advierte Carchi.
El agrónomo Emerson Pantaleón explica que por la aplicación indiscriminada de un insecticida no solo se mataba al caracol, sino a los insectos benéficos. El control natural se cortó.
Insectos como la sogata, portadores del virus de la cinta blanca, se hicieron resistentes. Otra plaga que reapareció es la Rupella Albinella o también conocida como ‘novia del arroz’, una mariposa blanca que pone huevos en los arrozales. Surgen gusanos barrenadores que se comen el tallo y generan pudrición, entre otros.
Carlos León tuvo pérdidas en sus siete hectáreas en el recinto Los Pozos. En su caso, los caracoles se comieron su cultivo. “Yo obtenía seis toneladas por hectárea, pero esta vez saqué tres. El caracol se comió parte de mi siembra”.
Marco Quintero realiza labores de campo en un arrozal recién sembrado. Dice que ya aprendió a convivir con los caracoles, mientras tritura estos animales secos en cada paso. Con algún químico, se mató allí a los moluscos.
Las consecuencias de la baja oferta ya se reflejan en la industria. Por una saca de 205 libras en cáscara los piladores pagan USD 37, cuando el precio referencial es USD 33,25, dice Raúl Villegas, de piladora Gloria Matilde, en Daule. Sus bodegas pueden almacenar 3 000 toneladas, pero el sábado guardaba 1 800 quintales. Hay días que no hay trabajo.


