La comunidad de Quillán Loma ayudó a la familia Toapanta
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El epílogo de la desaparición de los siete miembros de la familia Toapanta Achachi, en Quillán Loma (Ambato), concluyó ayer con su sepelio en el Cementerio Municipal de Izamba.
El velatorio de los siete féretros se desarrolló por más de 24 horas junto a la casa del jefe de familia, Luis Hernán Toapanta Maliza de 42 años. Él conducía la camioneta de doble cabina Toyota gris de placas TBC-8954 que se accidentó el pasado miércoles 18, en una quebrada del sector La Moya en Chunchi (Chimborazo).
El grupo salió del barrio San Vicente, en Quillán Loma, en dirección al Santuario de El Cisne en Loja. Hernán, que vivía en Italia desde hace 10 años, compró una camioneta y propuso bendecirla en Loja, pues la familia era muy devota de la Virgen de El Cisne.
Para eso, la familia organizó un viaje en el que participaron José Leonidas Achachi (70), María Angélica Chango (65), las hermanas Cristina (18) y Gisella (15), María Achachi Chango (42) y María Achachi.
Pero el viaje se malogró alrededor de las 05:00. Tras permanecer 10 días desaparecidos y mientras los parientes ejecutaban una serie de búsquedas por cielo y tierra con el apoyo del helicóptero de la Policía, la tarde del viernes último, la camioneta fue localizada en el fondo de una quebrada de 300 metros. Entre la noche del viernes y la madrugada del sábado se llevó a cabo el rescate de los cadáveres con el apoyo de policías, bomberos y voluntarios.
Los restos de los cuerpos fueron trasladados por carretera a Quillán Loma. Al pesar de los parientes se les unieron cientos de comuneros de los alrededores.
La solidaridad se manifestó con la contribución de víveres y en las mingas para rastrear a los entonces desaparecidos.
Ayer, a las 08:30, se realizó la bendición de los féretros en la capilla de Quillán. Minutos después partió el cortejo fúnebre con más de 500 personas hacia la iglesia de Izamba.
Una caravana de 50 carros les seguía. A su paso, decenas de comuneros se les sumaban con trajes negros y flores.
Cristina Achachi lloraba desconsoladamente sobre los féretros de sus dos hermanas. “La unión familiar y el apoyo de los vecinos y amigos nos llevó a pensar que los encontraríamos con vida. Pero todo se derrumbó hace tres días, cuando nos informaron del accidente. No puedo aceptarlo”.
El día gris y lluvioso cubrió la zona de Quillán, mientras la neblina avanzaba por la vía asfaltada de doble carril que conecta a esta comuna con Izamba.
“Los muertos ya se fueron, pero ahora tenemos que afrontar diligencias y pensar en las deudas y los que se quedan a sufrir”, manifestó con preocupación Humberto Achachi, cuñado del jefe de familia que murió.
Las secuelas
Hernán Toapanta y María Achachi contrajeron una deuda de USD 35 000 en dos entidades financieras de Ambato. Con ese dinero compraron la camioneta.
Jonathan Achachi, hijo de una de las víctimas del accidente de tránsito, se quedó solo, pues no tiene padre y sus abuelos también perecieron en el incidente automovilístico.
Hernán Toapanta volvió de Milán (Italia) hace más d e un mes con la idea de celebrar los 15 años de su hija Gissela (también fallecida en el accidente) y preparar el camino para su retorno definitivo. En Europa trabajaba en la construcción.


