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Son los únicos 'soldados' que sin sentir miedo pueden acostarse al lado de una mina que podría destruir una casa. Después de cada misión cumplida, lo único que buscan es que los acaricien o los hagan jugar. Son los primeros cinco perros de la Unidad de Canes Desminadores del Ejército, que desde hace tres años ayudan a ubicar minas antipersonales en la frontera con Perú.

El ambiente en el Batallón de Ingenieros de Combate No. 68 Cotopaxi, en donde opera la Unidad de Canes Desminadores es de obediencia y respeto.

A casi 200 metros de la entrada principal de la Unidad, los perros sienten la presencia de extraños. Lanzan fuertes ladridos. Sus orejas se paran en señal de alerta y sus húmedas narices no dejan de moverse. Dentro de un contenedor de plástico, exclusivo para canes, se observa la figura de un animal color crema. Su pelaje combina con sus ojos cafés claros, que miran curiosamente cualquier movimiento de visitantes a través de las delgadas rejas. Lo llaman Klirio, un labrador tetriever de cuatro años.

El sargento Fidel Martínez, su instructor, lo saluda. El can pone sus patas sobre el pecho del sargento, mientras este le acaricia la cabeza.

En el 2010, Klirio llegó desde un criadero en Colombia con la idea de formar un grupo especializado para ubicar de manera exacta las cerca de 20 000 minas que todavía se encuentran en la frontera con Perú. Con él arribaron cuatro cachorros más. Ahora, son los primeros cinco animales que el Ejército tiene para tareas de desminado.

Los robots de búsqueda que se crearon para esta actividad presentaron problemas cuando tenían que recorrer terrenos selváticos, porque no podía pasar pantanos o raíces grandes de árboles.

Fue entonces cuando el Ejército empezó a reclutar a canes con capacidades específicas para que sean parte de esta Unidad. Después de realizar investigaciones sobre el carácter y emotividad de los candidatos, los militares se decidieron por el labrador retriever.

Esta raza cumplía con las características necesarias para el aprendizaje. Es decir, un comportamiento hiperactivo, cordial y juguetón. El novato Klirio (su nombre significa el de un ejercicio militar) pasó su incorporación en donde le realizaron pruebas físicas, psicológicas y de "superioridad anímica". Este término lo utilizan los instructores para designar ese don de no estar quieto un segundo.

A los cuatro meses de entrenamiento, Klirio junto con sus colegas caninos se graduaron. Pasaron los exámenes de resonancia de impacto de bala y explosiones, pero sobre todo afinaron su olfato.

La hora del ejercicio diario empezó. A 30 centímetros de la cancha de entrenamiento, en la mañana se escondió una muestra de explosivos sin detonador. Klirio y Tampag no lo saben.

Martínez explica que el primer paso para saber si el campo está minado, es a través de un detector de metales. Cuando se confirma que hay minas en el terreno se preparan a los canes.

Primer paso: jugar con los canes. De inmediato se separa en franjas de 10 metros la zona que posiblemente esté minada. Una señal del instructor y Klirio empieza a olfatear el piso. Pasan dos minutos y Klirio se fija en un área y se acuesta en el lugar donde está la mina. El can mira al instructor. Su premio: toalla blanca para morder.

Tampag, otro labrador de color negro, también realiza el mismo simulacro. ¿Por qué no explota la mina si se sientan a un lado? Martínez explica que el perro distribuye su peso en las cuatro patas no así los humanos que en dos por eso cuando un can pisa la mina no se activa.

Es hora del 'rancho', luego del descanso. Sus celdas son amplias, tienen colchón y agua permanente. La vida útil de un perro adiestrado es de ocho años en promedio, es decir, unos 90 años en humanos.

Cuando mueren en servicio, también reciben honores. Se les entierra en un cementerio que queda a un lado de la Unidad.

Se han dado casos en que sus cuerpos son incinerados y sus cenizas se guardan en urnas y pasan a algún panteón, o se le entregan al guía con el que compartieron la mayor parte de su vida.

Más detalles

Estos ejemplares  caninos pueden llegar a costar entre USD 15 000 y 20 000.

La vida útil  de un perro adiestrado es de 8 años en promedio, es decir, unos 90 años en humanos.

Durante dos años  estos perros operaron en aviones, motonaves y en la frontera. Allí han descubierto más de 300 minas. En Zapotillo, Klirio ubicó más de 10 explosivos en una semana.

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