Esposos, padres y también ‘swingers’
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Quizás fue por culpa del exceso de Boones. A lo mejor fue que la velada había transcurrido de una manera tan natural que, después de tres citas con esa amable pareja que ofició de iniciadora, era obligatorio dar el paso final en ese departamento de Quito. O, simplemente, había llegado el momento de reconocer, ahora sí, ¡que se morían de ganas!
No importa qué mismo fue. Esa noche, Jennifer Peñafiel y Gustavo ‘Leo’ Mora, esposos que alguna vez se juraron fidelidad, se convirtieron en ‘swingers’. Ella pidió permiso para pasar al lugar de la cama donde estaba la pareja de amigos. Él, que aprendió que los celos son el sentimiento más inservible del mundo, se apartó.
Tres años y medio después de su debut en el discreto mundo de los intercambios de parejas, Peñafiel y Mora (o Jenny y ‘Leo’, como les gusta ser llamados) han lanzado en las redes sociales una cruzada por difundir las reglas y las sensaciones de su gueto.
Nadie les ha pedido el favor. Ellos mismos, con una mezcla de comedimiento y entusiasmo, decidieron abrir un perfil en Facebook, levantar un blog, subir videos explicativos en YouTube, organizar galas ‘swingers’ e impartir consejos para aquellos que no atinan a encontrar la manzana y ganarse la expulsión del Paraíso de un solo mordisco.
No ha sido fácil poner nombre, apellido y mejilla en la causa. Estos esposos, padres de una niña de dos años, se han encontrado con gente que busca pornografía, fotos ‘hot’ o prostitución. Más desubicados que vegetariano en parrillada los pobres. En el otro extremo, hay quienes los han señalado como depravados, Dios mío, qué ejemplo para la guagua, qué inmoralidad, qué le espera al país con esta juventud.
A propósito, también han recibido la visita de gente que les extiende la Biblia para recordarles el Sexto Mandamiento y, ya que estamos, también el Noveno y el Décimo, cuyos incumplimientos derivarán en una paila eterna.
Finalmente, hay ‘swingers’ que se quedaron como estatua de sal ante la visibilidad de Jenny y ‘Leo’, quienes han roto con la sagrada reserva de quienes se dedican a este estilo de vida. Un ‘swinger’ no se publicita en los medios. Un ‘swinger’ no se toma fotos ni las sube al Facebook. O, al menos desde ahora, no lo hacía.
Pero alguien tenía que ser. Alguien debía poner un rostro (dos en este caso) para pregonar que el intercambio civilizado es la genuina alternativa para la infidelidad. Alguien tenía que correr el riesgo del estigma. ¿Por qué no ellos, que así lo quieren?
Tampoco faltaron los que han pronosticado la inminente destrucción de este matrimonio, cuya prehistoria rebosa de la ternura de un cuento de Raúl Pérez Torres. Jenny y ‘Leo’ (Gustavo siempre quiso llamarse igual que su signo del zodiaco) se conocieron en la primaria.
Seis años después, en la secundaria, fueron novios y luego se casaron por el civil el 8 de julio del 2008, en una ceremonia pequeña, solo con allegados y ante un juez. Ya llegará el día en que se animen a una boda religiosa.
El debut en el ‘swinger’ vino seis meses después, con una pareja de esposos (llamémoslos Yin y Yan) que se tomó la molestia de guiarlos gota a gota, con paciencia, al estilo ‘swinger’. Luego de tres salidas, todo se consumó a la cuarta.
Jenny y ‘Leo’ se niegan a considerar que los une solamente la liberalidad de su relación o la niña que crían. Tienen los mismos gustos en el fútbol (son hinchas de Deportivo Quito), en la lectura (textos de autoayuda y superación son sus preferidos) y en las aficiones (cada domingo practican deporte en La Carolina, les encanta la tecnología digital, cantan con guitarra y se relajan cada lunes en un complejo nudista).
‘Leo’, de 24 años, es diseñador gráfico y dedica mucho tiempo a crear espacios en Internet para difundir su doctrina. Jenny, de 23, además de acolitar en esta tarea, estudia danza. Sus videos aún son de calidad amateur, pero intentan subir el nivel con un programa en una radio digital.
Después de Yin y Yan, han compartido con tres parejas más. Las relaciones no han desembocado necesariamente en la cama, pues los ‘swingers’ son ante todo amigos. Y con los amigos se charla, se intercambian secretos, se llora en su hombro, se vive; aunque en este caso también se consolidan entre sábanas. Jenny y ‘Leo’, que entre todas las combinaciones prefieren los tríos hombre-mujer-hombre, han cumplido con muchas fantasías, pero mantienen los nervios del debut. Es un encanto que aún los conmueve.
¿Un matrimonio así puede prolongarse por décadas? Jenny y ‘Leo’ quieren demostrar que el ‘swinger’ no destruye sino que unifica. Se proyectan en cinco años igual de enamorados y convertidos en símbolo de una sociedad que aprendió a tolerarlos.
Puede ser. Su decisión es notable. Pero el tiempo, el juez supremo de la humanidad, suele traer sorpresas. Yin y Yan, los maestros, se convirtieron en evangélicos y dejaron el intercambio. La vida nunca va en línea recta.
Con mucha discreción...
‘Swinger’ viene del término inglés ‘swinging’, que significa intercambiar. La actividad también se la conoce como propia de ‘Parejas Liberales’. Generalmente está limitado a parejas heterosexuales.
En el país los clubes de ‘swingers’ reclutan gente por medio de Internet y las redes. Hay clubes organizados que piden dos cosas: cuota y seriedad.
Jenny y ‘ Leo’ están en Facebook y se los encuentra con la clave ‘jennyleosw’. También sostienen el blog La Marca SW, alojado en wordpress.com. Publican el YouTube con el nombre MrJennyLeo.


